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Documental sobre la depresión



La melancolía, la tristeza, la pérdida, la frustración o la ira son sentimientos que están presentes en algún momento de la vida de cualquier persona, al igual que la alegría y el placer.

Los sentimientos de melancolía o de tristeza no son en sí patológicos, pero en algunas ocasiones sí pueden llegar a serlo para ciertas personas. Cuando el estado anímico de un individuo sufre sentimientos severos y prolongados de tristeza o síntomas relacionados que afectan a su capacidad para relacionarse con los demás, trabajar o afrontar el día, la tristeza sí se convierte en una enfermedad, que se conoce como depresión.

Las causas de la depresión es un tema que ha sido abordado desde diferentes puntos de vista, dando lugar a diversos modelos explicativos, que no tienen por qué ser excluyentes entre sí, que inciden en aspectos biológicos, psicológicos o sociales.

Los factores bioquímicos pueden resultar de ayuda para explicar algunos casos, cabe destacar que las personas deprimidas muestran niveles muy elevados de cortisol así como desajustes en algunos agentes químicos que actúan en el cerebro, como los neurotransmisores serotonina, dopamina y noradrenalina. Dichos desajustes pueden darse por motivos hereditarios o ser inducidos por el consumo de sustancias, igualmente la depresión puede estar causada por perdidas emocionales muy profundas, por afecciones y tratamientos médicos, por factores sociales o incluso por situaciones o hechos estresantes.

Aparte del tratamiento psicoterapéutico y farmacológico, es importante que una vez que la persona que sufre depresión sienta que ha mejorado su condición siga ciertos consejos o modos de vida:

- Tener pensamientos positivos.

- Cuidar la salud física.

- Mantener un calendario diario uniforme.

- Reanudar las responsabilidades de forma lenta y gradual.

- Aceptarse a uno mismo. No compararse con otras personas que considera favorecidas.

- Expresar las emociones de forma adecuada.

- Seguir en todo momento y hasta el final el tratamiento.

- Ser constante y reunirse periódicamente con el terapeuta.

- Llevar una dieta equilibrada.

- Hacer ejercicio físico.

 

Las creencias irracionales de Albert Ellis

A veces, la causa de un problema psicológico está en la manera en que interpretamos la realidad que nos rodea y a nosotros mismos. Nuestras creencias y hábitos de pensamiento influyen en esta percepción del mundo produciendo perturbaciones emocionales y afectando en nuestro comportamiento. Un supuesto, creencia o hábito de pensamiento disfuncional, falso o automático puede distorsionar nuestra forma de ver el mundo. La manera en que percibimos el mundo determina la forma en que nos comportamos.

Si somos capaces de cambiar nuestros esquemas mentales, nuestros patrones de pensamiento, seremos capaces de generar estados emocionales menos dolorosos, más positivos y acordes con la realidad.

Gracias a Albert Ellis, doctor en Psicología por la Universidad de Columbia, fundador de la Terapia Relacional Emotiva podemos diferenciar las creencias irracionales básicas compartidas por muchas sociedades en el mundo.

Averiguar lo que son o no ideas o creencias irracionales puede ayudarnos a entender nuestro comportamiento y el de los demás.

Según Ellis, las creencias racionales están sujetas a la probabilidad, son relativas, es decir pueden ocurrir o no pero tienen una base cierta. Se expresan en forma de preferencias y deseos. Si los deseos no se logran puede surgir tristeza o decepción pero esto no impide ni limita a la persona el logro de nuevas metas o deseos.

Por otro lado están las creencias irracionales. Este tipo de creencias o pensamientos, son de carácter absoluto y dogmático (todo/nada, siempre/nunca).  Las expresamos en forma de exigencia: debería de…, estoy obligado a…, tengo que… Si no logramos nuestros deseos, las emociones generadas pueden ser muy negativas, cólera, depresión, sentido de culpa, ansiedad.
Albert Ellis
A raíz de esas creencias irracionales, pueden surgir emociones capaces de limitar el logro de otras metas a corto medio y largo plazo. La frustración de no lograr lo que mentalmente “estoy obligado a” puede generar estrés, sufrimiento, culpabilidad, conductas de aislamiento y patologías como ansiedad, depresión, abuso de sustancias tóxicas u otros comportamientos de riesgo.

Estas son las creencias irracionales básicas a las que Albert Ellis otorga una mayor importancia:

- Es una necesidad extrema para el ser humano adulto el ser amado y aprobado por prácticamente cada persona significativa de la sociedad.

- Para considerarse uno mismo valioso se debe ser muy competente, suficiente y capaz de lograr cualquier cosa en todos los aspectos posibles.

- Cierta clase de gente es vil, malvada e infame y deben ser seriamente culpabilizados y castigados por su maldad.

- Es tremendo y catastrófico el hecho  de que las cosas no vayan por el camino que a uno le gustaría que fuesen.

- La desgracia humana se origina por causas externas y la gente tiene poca capacidad o ninguna, de controlar sus penas y perturbaciones.

- Si algo es o puede ser peligroso o temible, uno se deberá sentir terriblemente inquieto por ello y deberá pensar constantemente en la posibilidad de que esto ocurra.

- Es más fácil evitar que afrontar ciertas responsabilidades y dificultades en la vida.

- Se debe depender de los demás y se necesita a alguien más fuerte en quien confiar.

- La historia pasada de uno es un determinante decisivo de la conducta actual, y que algo que le ocurrió alguna vez y le conmocionó debe seguir afectándole indefinidamente.

- Uno deberá sentirse muy preocupado por los problemas y las perturbaciones de los demás.

- Invariablemente existe una solución precisa, correcta y perfecta para los problemas humanos, y si esta solución perfecta no se encuentra sobreviene la catástrofe.

Estas ideas irracionales se resumen en tres nociones básicas, donde las personas se plantean peticiones y exigencias a sí mismos, a las personas de su entorno y a la vida en general:

- Tengo que actuar bien y tengo que ganarme la aprobación de los demás por mi forma de actuar.

- Tú debes actuar de forma agradable, considerada y justa conmigo.

- Las condiciones de mi vida deben ser buenas y fáciles para que pueda conseguir prácticamente todo lo que quiero sin mucho esfuerzo e incomodidad.


La historia del bambú japonés: paciencia y perseverancia

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego. También es obvio que quien cultiva la tierra no se detiene impaciente frente a la semilla sembrada, y grita con todas sus fuerzas: ¡Crece, maldita sea!

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú y que lo transforma en no apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente, hasta aquí todo normal.
La gran diferencia es que durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros!

¿Tardó sólo seis semanas crecer?

No, la verdad es que tardó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, el bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

En la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo y trabajo.

Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados a corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando están a punto de conquistar la meta.

No es tarea fácil convencer al impaciente que sólo llegan al éxito aquellos que luchan de forma perseverante y saben esperar.

De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo, pudiendo llegar a tener una sensación extremadamente frustrante. En esos momentos, que alguna vez todos tenemos, vale la pena recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que no debemos abandonar por no “ver” el resultado que esperamos, ya que en realidad algo está sucediendo dentro nuestro: estamos creciendo, madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.

El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación. Un proceso que exige aprender nuevos hábitos al mismo tiempo que obliga a descartar otros. Es un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia, perseverancia y aceptación.

Si no consigues lo que anhelas, no desesperes, quizá sólo estés echando raíces.


Cómo llevarse mejor con alguien que te cae mal

En el día a día, no solamente nos relacionamos con gente con la que nos divertimos y nos llevamos bien sino que en muchas ocasiones también tenemos que convivir con personas con las que sentimos una menor afinidad. Por ejemplo, tus compañeros de trabajo no necesariamente tienen por qué ser tus amigos y además también puede pasar que, literalmente, algún compañero no te caiga bien. Pero, sin embargo, por obligación tienes que relacionarte con esa persona.

Aquí tienes una serie de consejos para llevarte mejor con quien que te cae mal:

- Primero de todo, es importante reducir el contacto con esa persona al mínimo, a lo justo y necesario, de lo contrario, puedes llegar a saturarte.

- Evita malgastar tu  energía emocional y tu tiempo criticando a esa persona con alguien externo. Al dedicar tanto tiempo a hablar de un mismo tema corres el riego de terminar encerrado en ti mismo o perdiéndote en tu propio molólogo, como si se tratara de un laberinto.

- Deja de lado los reproches personales y los ataques con alguien que no te cae bien ya que en lugar de construir, lo único que se logra es destruir. No permitas que nada te eche a perder el día, piensa que todo es relativo y terminará pasando, a no ser que te obsesiones en recordarlo constantemente.

- Para llevarte un poco mejor con quien te llevas mal también tienen que existir unas expectativas realistas y justas de lo que tú puedes esperar de ese vínculo. Más bien se trata de aceptar las cosas tal y como son para actuar a partir de esa base en lugar de aspirar a que esa persona te caiga bien, ya que realmente lo que sucede es que sufres al empeñarte en que pase algo que nunca va a pasar.

- En el momento en que notes que has acumulado algún tipo de tensión debido a un conflicto personal con alguien con quien no te llevas bien puedes concederte un breve descanso para liberarte un poco de dicho malestar. Tómate cinco minutos para desconectar, cierra tus ojos y haz un ejercicio de visualización imaginando alguno de los momentos más felices o divertidos que hayas tenido en tu vida, la finalidad es aportar un poco de bienestar y conseguir terminar con esa incómoda tensión.

 

Mira lo que le pasa a tu cerebro cuando das un paseo

Desde hace ya algunos años, a nivel científico, ha quedado muy claro el beneficio que conlleva la práctica de ejercicio físico para las funciones cerebrales. Una persona que lleva una dieta sana y que se mantiene activa retrasará el deterioro cognitivo y evitará enfermedades tales como el Alzhéimer. Pero a parte de esto, ¿sabes cuáles son los efectos directos que propicia el simple hecho de darse un paseo o una carrera cuando se está estudiando, por ejemplo?

En esta curiosa imagen queda reflejada la actividad cerebral de un grupo de estudiantes en reposo y después de caminar tan sólo 20 minutos.

Imagen: Chuck Hillman, Universidad de Illinois
La imagen pertenece a un estudio de Chuck Hillman, de la Universidad de Illinois, en el que sometieron a 20 chicos y chicas de aproximadamente 10 años a un interesante experimento: para empezar les pasaron un test estando en reposo y midieron su señal cerebral y posteriormente les hicieron realizar un ejercicio que consistía en andar de forma rápida en una cinta de correr, a un 60% de su capacidad máxima. Después de haber hecho el ejercicio físico, volvieron a realizarles una serie de preguntas y a medir de nuevo su actividad cerebral.  (ver PDF).

Según Chuck Hillman, después de realizar un ejercicio moderado de 20 minutos, las funciones cognitivas y el rendimiento académico mejoraron. Es decir, hubo un aumento en la capacidad de atención, en la velocidad de procesamiento y en los resultados del test.

El hecho de que la imagen que utiliza Hilman para mostrar los resultados de su experimento haya sido coloreada para realizar la presentación de un modo más claro puede haber llevado a confundirla con una resonancia magnética funcional (fMRI), pero en realidad se trata de un encefalograma (EEG) que mide la actividad eléctrica fijándose en una señal (P3) que muestra los niveles de atención. Cuanto más grande es la señal de P3, afirma Hillman, mayor es la cantidad de atención, que es un reflejo de la actividad cognitiva.

Esta misma activación cerebral, indica Hillman, se ha visto con sujetos de más edad a los que se les realizó pequeñas pruebas de ejercicio físico y mejoraron los niveles de atención (ver PDF). En sus trabajos apunta que un poco de ejercicio es beneficioso para el rendimiento académico y para la creatividad. Así que toma nota y la próxima vez que tengas un examen y lleves varias horas sentado delante del libro o necesites un poco de inspiración para desarrollar alguna idea, prueba a darte un paseo para luego volver a intentarlo.