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Aprendiendo a mejorar

Mientras muchas personas comienzan el año estableciéndose nuevas metas que sirvan para mejorar sus vidas, muchas otras son saboteadas por sus propios hábitos improductivos, los cuales muchas veces terminan por adueñarse prácticamente por completo del poder sobre su vida.

Algunos de estos hábitos son:

- La queja crónica: lloriquear continuamente solamente hace que se pierda el tiempo y la energía. Si nos pasamos todo el tiempo quejándonos, no estamos haciendo nada para solucionar los problemas.

- Dejar que los demás nos juzguen: reaccionar a la adulación, a la manipulación o a la culpa, tratando de estar a la altura de las expectativas de los demás en lugar de a las nuestras.

- Resentimiento: dejar que los comportamientos dañinos de otras personas invadan nuestra conciencia. Sentirse herido y decepcionado es normal, pero recrearse e insistir llevando a cabo actos para hacer daño solamente terminan lesionando a uno mismo.

- Rumiación: llenar nuestros cerebros con infinitas preocupaciones, dando vueltas y vueltas en un sinfín de escenarios de "los peores casos" pero sin hacer nada al respecto.

- Culpar a los demás: si es "su culpa", y nos vemos a nosotros mismos como víctimas, entonces "ellos" tienen el control.

¿Alguno de estos hábitos te resulta familiar? Todos ellos implican un locus de control (LOC) externo, una creencia subyacente que implica que el destino o el poder de otras personas es lo que determina nuestras vidas.

Un LOC externo no sólo sabotea nuestro progreso, también es peligroso para nuestra salud. Las investigaciones asocian un LOC externo con la mala salud mental y física, la pasividad, la ansiedad, la depresión y la indefensión aprendida.

El sentido de autoeficacia, la creencia en nuestra capacidad para ejercer el control personal y dar forma a nuestro porvenir, es un punto clave capaz de marcar una gran diferencia en nuestras vidas. Nuestro nivel de autoeficacia determina la cantidad de esfuerzo que hacemos para alcanzar nuestros objetivos, cuánto tiempo perseveramos, lo bien que lidiamos con los obstáculos, y nivel de logro que obtenemos.

Así que si estás a punto de volver a caer en quejas crónicas u otros hábitos improductivos, detente y cambia tu perspectiva. Despierta tu autoeficacia preguntándote: "¿Qué puedo hacer al respecto para marcar la diferencia?".


Los quince errores que debes evitar en una primera cita

Saber de antemano qué conductas debes evitar en una primera cita te puede salvar te cometer los típicos errores que te pueden costar una segunda cita con esa persona que te gusta.

A continuación tienes una lista de los errores más comunes, algunos de ellos pueden parecer muy obvios o insignificantes, tal vez lo sean, pero también es cierto que se pueden corregir muy fácilmente.

1. Llegar tarde. Si llegas tarde estarás creando una muy mala primera impresión, ten por seguro que la otra persona va a comenzar a conocerte estando molesta. Asegúrate de avisar y disculparte enviando un mensaje con la máxima antelación si no puedes evitar esta desagradable situación, y cuando llegues pide disculpas de nuevo.

2. Faltar el respeto a terceras personas. No hay nada más odioso y desagradable que mostrarte irritable y comportarte de forma grosera con un camarero, por ejemplo. Si el camarero es realmente tan malo, díle a la persona con la que estás saliendo lo que encuentras inaceptable sobre el servicio y coméntale que te estás planteando decir algo al respecto, si tu cita se muestra incomoda ante esa situación considera dejarlo estar y pasarlo por alto.

3. No hacer preguntas. Hacer preguntas transmite cierto compromiso. Si no le haces preguntas a tu cita, asumirá que no tienes interés y perderá rápidamente las ganas de conocerte. Si sientes timidez o inseguridad, no dudes en pensar con antelación qué cosas quieres preguntarle.

4. Revelar de forma innecesaria tu historial médico. Nadie quiere oír hablar de tu colonoscopia en una primera cita (o en la segunda, tercera, cuarta...). Mantén tu historial médico para más adelante, a menos que aparezcas con la pierna enyesada y detrás haya una buena historia.

5. Hablar de tu ex. A menos que te lo pregunten directamente, evita entrar en monólogos sobre su ex. Lo único que vas a conseguir es dar la impresión de que no lo has superado y todavía sigues aferrándote al pasado. Si te preguntan, responde de forma breve lo más bonito que se te ocurra y cambia de tema con sutileza y educación.

6. Mostrar malos modales en la mesa. La mayoría de las personas ya sabe que la saliva descompone los alimentos, así que no es necesario ver una demostración de ello. Cuida tus modales.

7. Beber en exceso. Asegúrate de permanecer presente y mantener el control de ti mismo. Ser descuidado en la primera cita no causa una buena impresión a menos que tu cita se muestre igual de descuidada que tú, en cualquier caso no es así como comienzan la mayoría de relaciones sólidas.

8. Estar pendiente del teléfono. Controlar el teléfono da a entender que estás aburrido o distraído, ninguna de ambas cosas es especialmente atractiva para la persona con la que estás. Si tienes que usar el teléfono, pide disculpas, si puedes explica el motivo, y haz tu llamada rápidamente. También puedes excusarse para ir al  baño y hacer allí tu llamada.

9. Hablar de tus ideales de pareja. El problema con este tema es que por lo general da a entender lo que se debe tener para ser aceptado, como una especie de lista de requisitos a cumplir. Aunque lo expreses de un modo suave, más cercano a describir lo que te gustaría más que lo que crees que debería ser en un sentido estricto, lo más probable es que con este tema logres apagar a la otra persona en lugar de hacerte querer.          

10. Hablar demasiado, especialmente si todo lo que cuentas es acerca de ti. Asegúrate de que la conversación fluya de ida y vuelta de tal modo que no sea difícil para la otra persona obtener el turno para poder hablar. Si la persona con la que estás no habla mucho, hazle preguntas abiertas como: "¿Cuál ha sido tu mejor viaje de vacaciones?".

11. Usar expresiones de cariño antes de tiempo. Incluso cuando la cita va increíblemente bien y sientes que es algo totalmente mutuo, evita llamar a tu cita "cariño" o alguna palabra por el estilo. Supone demasiada familiaridad demasiado pronto, y eso a algunas personas les resulta irrespetuoso o condescendiente, a pesar de la buena intención.

12. Ser demasiado modesto. No hay absolutamente ninguna necesidad de anunciar todos tus defectos en la primera cita. La modestia es atractiva, pero la baja autoestima no lo es. Hacer una broma modesta no viene mal, pero no más de una.

13. Bromear acerca de lo malo que eres en las primeras citas. Decirle a alguien en la primera cita que eres malo en las primeras citas es como el director que sale antes del preestreno de su película para anunciar que es malísima. Hacer eso simplemente elimina cualquier interés o motivación que la otra persona pudiera tener en estar ahí contigo.

14. Presumir de tus ingresos, posesiones o habilidades. Alardear, en general, es algo que no resulta nada atractivo, más bien lo contrario. Hablar sobre la cantidad que has pagado por tu nueva casa para ir a esquiar, o describir lo increíblemente bueno que eres jugando al tenis es algo que no va a causar muy buena impresión. Alardear es algo innecesario que podría crear resentimiento en la persona con la que estás.

15. Dar una conferencia acerca de tus creencias más preciadas. Hay una razón por la que no se debe hablar de política o religión en una primera cita, cuando tienes opiniones o creencias fuertes, es fácil sobreexcitarte un poco y terminar monopolizando la conversación en lugar de simplemente participar. Ten cuidado cuando se hable de cualquier cosa sobre la que sientas con pasión o te cause enfado y asegúrate de que no estás abrumando a la otra persona.


Suaviza la tristeza con pensamientos positivos

Mantener tu atención enfocada hacia pensamientos positivos no sólo te hace sentir bien en un momento concreto sino que implementar dicha forma de pensar a tu día a día también puede reducir considerablemente la tristeza y proporcionarte algo que muchas veces es todo lo que se necesita para seguir adelante: esperanza. Cuanto más se centre la atención en los pensamientos positivos y más tiempo se emplee dicha forma de pensar, mejores serán los resultados obtenidos.

A pesar de que esta idea ha estado presente desde hace mucho tiempo y se ha convertido en el tema de cientos de seminarios y libros, el pensamiento positivo y el control de la propia atención no son nada fáciles de lograr, especialmente si tu tristeza ha frenado tu desarrollo personal y te ha impedido o te ha detenido a la hora de hacer cosas que podrían hacerte disfrutar.

Después de estar triste durante un periodo de tiempo, lo que sucede es que tu mente se ha entrenado para aceptar tu tristeza y hacer que toda tu vida funcione de un modo acorde a dicha tristeza. Sin embargo, mediante el uso de la atención puedes cambiar la manera en que tus pensamientos controlan tu vida, puedes hacerte cargo de lo que está pasando dentro de tu mente. Creer que se puede hacer algo al respecto es clave, el primer paso es creer que es posible reducir tu tristeza, y llevar una vida más feliz. El siguiente paso es darte cuenta de cómo piensas. Una vez que hayas identificado el problema, trata de pensar en cómo te sentirías si las cosas fueran diferentes. Por ejemplo, imagínate caminando con mucha confianza por algún lugar en el cual vas a encontrarte con más personas, imagina que tu tristeza es sólo un recuerdo lejano, imagina que vas a saludar a la gente, a reunirte con ellos, a participar en conversaciones, y en definitiva, vas a disfrutar de ti mismo. Por supuesto, ahora mismo esto está sólo en tu mente, pero ahí es donde todo comienza. Tienes que pensar e imaginar cómo te comportarías si su tristeza no te estuviera reteniendo, en cómo actuarías en una determinada situación si fueras la persona que te gustaría ser. Este planteamiento es una buena forma de planificar cómo responder ante nuevas situaciones o interacciones sociales.

A continuación, después de realizar este ejercicio, comienza el proceso de cambio en tu forma de pensar, de negativo a positivo. Una de los mejores beneficios del pensamiento positivo es que se puede cambiar cómo te sientes con sólo decirte a ti mismo, una vez tras otra, cómo quieres sentirte, por ejemplo: "me siento alegre y confiado". Este tipo de afirmaciones te ayudarán a cambiar tu patrón de pensamiento antiguo y a reducir esas incomodas sensaciones ante situaciones concretas que nos causan cierta ansiedad. Cuanto más lo hagas, más consciente y positivo se convertirá tu pensamiento, y prácticamente sin que te des cuenta, empezarás a sentirte más "alegre y confiado".

A pesar de que este consejo pueda parecer algo simplista, para aliviar la tristeza muchas veces se requiere de algo simple, algo que pueda empezarse a llevar a cabo de inmediato y mantenerlo en marcha en todo momento. Aunque digo que parece simple, no quiero decir que sea fácil, ya que sustituir un patrón de pensamiento arraigado por uno nuevo conlleva cierto trabajo y cierta constancia. Eso sí, el proceso valdrá la pena, ya que entonces, dicha nueva forma de pensar interactuará con las emociones y la conducta propiciando en mayor o menor medida un cambio a mejor.


Características del comportamiento pasivo-agresivo

Utilizar un enfoque pasivo-agresivo de forma puntual respecto a algún problema de nuestras vidas no es algo inusual. Pero por otro lado, para algunas personas la manipulación y la comunicación indirecta son una forma de vida. Las personas pasivo-agresivas a menudo no se detectan en la oficina, lugar de trabajo o en círculos sociales, al menos inicialmente, ya que ocultan su hostilidad con una actitud agradable.

A continuación dispones de algunos de los rasgos más característicos típicos de las personas pasivo-agresivas:

- Se olvidan deliberadamente de hacer las cosas. Prefieren ser vistos como "despistados" más que como desagradables. En lugar de negarse a trabajar en un proyecto, un compañero de trabajo pasivo-agresivo puede argumentar que se olvidó de la fecha límite. Un amigo pasivo-agresivo puede decir que se olvidó de hacer la reserva para ir a cenar al restaurante del que habíais estado hablando porque en realidad no quería ir.

- Dicen que sí cuando en realidad no tienen ninguna intención al respecto. En un esfuerzo por parecerse a las personas que quieren agradar, las personas pasivo-agresivas rara vez dicen que no. Pueden ignorar invitaciones por completo con la excusa de que nunca recibieron dicha invitación. A menudo están firmemente de acuerdo con invitaciones o propuestas hechas cara a cara, incluso con aquellas que no tienen ningún interés o deseo. Para escapar de sus obligaciones, pueden cancelar sus planes en el último minuto fingiendo una enfermedad o una emergencia.

- Suelen hablar mal de la gente a sus espaldas. No es que las personas pasivo-agresivas no compartan sus opiniones, más bien es que no las comparten de forma honesta. Son propensos a quejarse con todo el mundo excepto con la persona de la que están quejándose. Su enfoque indirecto daña las relaciones, no hacen nada para resolver los problemas.

- Son ineficientes a propósito. Las personas pasivo-agresivas son tercas. Cuando no quieren hacer algo, a menudo se muestran tan ineficaces como sea posible para evitar dicha cosa en cuestión. En lugar de decir: "tengo problemas con este asunto", una persona pasivo-agresiva puede posponer las cosas a propósito con la esperanza de que otra persona tome el relevo y haga su trabajo.

- Ocultan su resentimiento con una sonrisa. Las personas pasivo-agresivas no expresan su enfado o su disgusto de manera abierta. Muchos de ellos llevan años de resentimiento y amargura edificados justo debajo de su sonrisa falsa. No importa lo mucho que estén en desacuerdo con lo que dices, se esforzarán para que parezca como si apoyaran plenamente tus declaraciones.

- Buscan venganza. Oculta bajo su personalidad aparentemente agradable se encuentra el deseo de castigar a los que les han hecho daño. Las personas pasivo-agresivas a menudo hacen todo lo posible para tomar represalias contra las personas que creen que se han aprovechado de ellos. Sus formas de venganza son a menudo indirectas, un correo electrónico anónimo o un rumor desagradable extendido por toda la oficina son sólo un par de ejemplos.

- Muestran indefensión aprendida. Las personas pasivo-agresivas no creen que ellos tengan mucho control sobre los acontecimientos en sus vidas. En lugar de tomar medidas para resolver los problemas, se convencen de que "no sirve de nada intentarlo, porque de todos modos, no puedo hacer nada al respecto". Su enfoque pasivo les somete a más dificultades innecesarias y, por desgracia, muchas de sus predicciones negativas se terminan convirtiendo en profecías autocumplidas.

- Hacen todo lo posible para evitar la confrontación. Incluso cuando están profundamente ofendidos, las personas pasivo-agresivas evitan la confrontación directa. A veces, se comunican de forma incongruente, diciendo cosas como: "está bien, da igual" o "bueno, si no te importan mis sentimientos, entonces supongo que no tienes por qué tenerlos en cuenta". La cuestión es que permiten que otros les traten mal, y se niegan a admitir sus sentimientos, se niegan a admitir que están heridos.

- Manipulan a la gente. Suelen recurrir a tácticas de manipulación para conseguir satisfacer sus necesidades. En lugar de pedir ayuda directamente para llevar una caja pesada, una persona pasivo-agresiva puede quejarse diciendo algo como: "voy a terminar haciéndome daño en la espalda por llevar esta caja yo solo". No les importa que otros sientan lástima o piedad por ellos mientras eso les sirva para satisfacer sus necesidades.

Si tienes propensión a adoptar un enfoque pasivo-agresivo, hay una serie de pasos que puedes dar para lograr ser más asertivo. Cuando tus palabras vayan acorde con tus emociones y tu comportamiento, entonces podrás disfrutar de una vida mucho más auténtica. Si necesitas ayuda, pídela.

Si ves señales de conductas pasivo-agresivas por parte de un compañero de trabajo, amigo o miembro de la familia, estate dispuesto a rendirle cuentas. Permitir que las personas pasivo-agresivo eludan la responsabilidad o eviten la confrontación sólo refuerza su comportamiento.


La relación entre el hábito de fumar y el dolor crónico

Muchas de las personas que sufren de dolor crónico son fumadores. De hecho, los datos epidemiológicos y clínicos recientes indican que la prevalencia de tabaquismo entre los que sufren dolor crónico puede ser hasta el doble de la tasa que se encuentra en la población general.

Por lo general, las personas comienzan a fumar en la adolescencia y continúan el hábito en la edad adulta como una forma de tratar de relajarse o de hacer frente a las presiones de la vida. Las personas que sufren dolor crónico pueden comenzar o continuar fumando porque creen que ayuda a aliviar el estrés y las molestias asociadas a su condición.

Sin embargo, la ironía es que el fumar puede de hecho causar dolor crónico e incluso empeorar la situación. Las investigaciones muestran que el fumar puede causar dolor de espalda baja y artritis reumatoide. Fumar también está vinculado a la prevalencia y severidad de varios tipos de dolor crónico, incluyendo:

- Los dolores de cabeza.
- La fibromialgia (una enfermedad reumática que causa dolor y sensibilidad generalizada en las articulaciones).
- La dispepsia (molestias en la parte superior del abdomen o el pecho).
- Dolor menstrual.
- Dolor en las articulaciones.
- Osteoartritis.

Otro aspecto preocupante es que los fumadores que sufren de dolor crónico tienen menos probabilidades de ser físicamente activos. A medida que el dolor aumenta, tienden a fumar más y hacer menos ejercicio físico. Esto contribuye a un desequilibrio global de la salud física.

La investigación muestra que el éxito en la recuperación a largo plazo se da cuando el dejar de fumar se lleva a cabo en conjunto y de forma integral junto con un tratamiento para el dolor crónico.

El objetivo es siempre ayudar a los pacientes a que tomen el control de sus vidas. Esto no solamente significa convertirse en funcional y estar libre de sustancias adictivas, sino más bien ser una persona activa y saludable capaz de vivir la vida y disfrutar de cada momento.