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Consejos para superar un mal día

Todos tenemos días malos, y hay algunos que son mucho peores que otros. Un mal día puede ser inquietante y hacer que te sientas muy bajo de ánimos y te obsesiones por aquello que te ha ido mal. Aquí tienes siete consejos para ayudarte a mejorar el día, tanto si es bueno como si es malo:

1. No seas tan duro contigo mismo.

Es fácil machacarse a uno mismo cuando te das cuenta de que has cometido un error. Todos cometemos errores, y cometerlos es una gran forma de aprender sobre muchas cosas de la vida. Si aprendes de los errores y estás agradecido por ello, tu día será mejor y también lo será tu vida.

2. Toma un poco de aire fresco.

Si puedes salir a dar un paseo o sencillamente sentarte a tomar el sol, ve a por ello. Un soplo de aire fresco puede ayudarte a reducir la ansiedad o la depresión. A veces, cuando estamos molestos, contenemos la respiración más tiempo de lo que deberíamos, así que recuerda inhalar y exhalar profundamente. Relajarte y centrarte a ti mismo puede ayudarte a sobrellevar la situación.

4. Tómate el día como un reto.

Tomarse las cosas con un poco de perspectiva, diciéndote a ti mismo que ya has tenido días como este antes, por lo general hace que las cosas mejoren. Asumir que la situación es temporal te ayudará a hacer frente a lo que está pasando.

5. Llama a algún amigo que pueda necesitar un poco ánimo.

Pensar en otra persona ayudará a alejarte tus pensamientos de tus propios problemas, ayudar a un amigo te hará sentir mejor contigo mismo.

6. Haz alguna mejora en tu casa.

Arregla alguna cosa, cambia una foto de sitio, ordena un poco la casa. Pedirle a alguien que te ayude es una buena idea que hará que te sientas mejor y de paso tendrás alguien con quien hablar durante un rato.

7. Encuentra una película que quieras ver, y mírala esa noche.

No importa si vas a la cine o la ves en casa. La idea es que tengas algo que te despierte interés. Esto es útil para ayudarte a pasar el rato y distanciar tu mente de tus problemas, al menos durante un tiempo. Ve a dormir con la esperanza de que cuando te despiertes, verás las cosas de una forma más positiva.

Estas son sólo algunas maneras para tratar de mantener la perspectiva y facilitarte el día. Si sientes que realmente está siendo más duro de lo normal, puede ser una idea prudente encontrar a alguien con quien hablar de tu vida.


El poder de la imaginación

No todo el mundo puede imaginar escenas o situaciones en su mente con una claridad como la de las fotografías, pero todos poseemos, en mayor o menor medida, la capacidad de evocar imágenes. Por ejemplo, si alguien te pregunta cuántas ventanas hay en tu casa, probablemente serás capaz de formar en tu mente una imagen de tu casa y contar el número de ventanas que tiene.

Casi todo el mundo ha oído hablar alguna vez sobre el poder del pensamiento positivo, pero el poder de la imaginación todavía es mayor. En la mayoría de los casos, antes de ser capaz de hacer algo realmente, primero hay que ser capaz de imaginarse  a uno mismo haciéndolo. De hecho, se sabe que el propio Albert Einstein dijo "La imaginación es más importante que el conocimiento."

Una imagen vale más que mil palabras, a veces, una imagen muy clara, alcanzable y ensayada, puede ser más valiosa que decenas de auto-afirmaciones optimistas tipo "Creo que puedo."

Por lo tanto, además del pensamiento racional basado en el lenguaje, la visualización de escenarios específicos puede facilitar en gran medida la consecución de resultados exitosos. Por lo tanto, imaginarse vívidamente teniendo éxito o haciendo frente a situaciones adversas puede resultar de gran ayuda, incluso más que solamente practicando el pensamiento positivo mediante afirmaciones.

Muchos atletas de primer nivel imaginan la coreografía de sus movimientos mediante imágenes mentales antes de entrar en acción. Por ejemplo, los esquiadores imaginan su descenso con gran precisión, los jugadores de tenis se imaginan realizando golpes ganadores, y las bailarinas y gimnastas practican sus movimientos, tanto en su imaginación como en un ensayo real.

Obviamente todo esto se refiere a visualizar un éxito que se encuentra al alcance. De nada sirve visualizarse teniendo éxito haciendo algo imposible.

El afrontamiento es un método de visualización muy útil. Imagínate haciendo frente a una situación difícil, tal vez luchando a través de las adversidades pero logrando superarlas con éxito.

Otra estrategia es imaginar vívidamente una meta, y luego imaginarse todas las medidas especificas que se necesitan para alcanzar dicho objetivo.

Estos ejercicios de visualización en reiteradas ocasiones pueden aumentar la probabilidad de tener éxito real en muchas situaciones. En realidad, estas recomendaciones tienen una estructura parecida a lo que se suele denominar soñar despierto.

Piensa bien, actúa bien y siéntete bien. Sé feliz.


Cinco consejos para superar el agotamiento mental

A veces la gente se suele quejar de no tener suficiente tiempo, pero por otro lado, en ocasiones no se dan cuenta de que acarrean un poco de agotamiento mental. Aquí tienes cinco  sencillos consejos que no requieren mucho esfuerzo para recargar tu mente de energía y ser un poco más feliz.
1- Encuentra pequeños momentos para descansar mentalmente.

Si tienes un instante de espera, por ejemplo en la cola del supermercado, aprovecha para respirar profunda y lentamente, sentir la sensación de tu cuerpo estando de pie o posicionar correctamente los hombros o la cadera. En los momentos en los que te encuentras mentalmente agotado es mejor hacer algo así que estar clicando cosas en el teléfono, cosa habitual en muchísima gente.

2- Reduce el exceso de estímulos sensoriales.

Tómate un descanso del exceso de ruido o de luz. Pasa unos minutos sentado en una habitación oscura y silenciosa y date cuenta de lo relajante que es. Otra opción muy interesante es un recibir un masaje, ayuda mucho a relajar el cuerpo y la mente. Tomarte un momento para meditar escuchando música relajante también resulta de gran ayuda.

3- Date permiso para relajarte.

Si tienes una lista interminable de tareas pendientes, es fácil sentirse como si siempre "debieras" estar haciendo algo. Cuando te relajas, te das permiso para disfrutar de ello. No hay necesidad de sentirse culpable por hacer lo que te gusta y te resulta relajante, date un respiro.

4- Deja de ser irrealista acerca de lo mucho que puedes llegar a hacer.

Muchas veces parece como que no se llega a ninguna parte y la lista de tareas pendientes sigue siendo interminable Aceptar que no vas a abarcar hacer todas las tareas de golpe es algo que proporciona una gran sensación de libertad. Recuerda que siempre hay oportunidades, y que si algo que no lo puedes hacer hoy es probable que  llegue otra oportunidad, tal vez mejor.

5- Dale prioridad a los trabajos que son una inversión.

Dedica tiempo a buscar una forma más eficiente de hacer algo, de ese modo podrás disponer de más energía mental ya que te resultará más fácil hacer esa tarea en un futuro.


Consejos para dejar de pensar demasiado

Bien sea el machacarse a uno mismo por un error cometido ayer, como el preocuparse por cómo tener éxito mañana, el hecho de pensar demasiado está implícitamente plagado de sensaciones angustiosas.

Rumiar implica recrearse en el pasado. Pensamientos tipo:

- No debería haber dicho nada en la reunión de hoy. Todos me miraban como si fuera idiota.
- Podría haber seguido en mi antiguo trabajo, hubiera sido más feliz allí.
- Mis padres siempre me decían que no llegaría a nada, tenían razón.

Mientras que preocuparse a menudo implica hacer predicciones negativas o incluso catastrofistas a cerca del futuro. Por ejemplo, pensamientos como:

- Mañana voy a pasar mucha vergüenza cuando haga mi presentación, me temblarán las manos, me pondré rojo y todo el mundo verá que soy un incompetente.
- Nunca voy a conseguir un ascenso, no importa lo que haga, es algo que no va a pasar.
- Mi pareja va a encontrar a alguien mejor que yo, nos vamos a separar y terminaré solo.

Pensar en exceso no solamente significa usar palabras para contemplar la vida, a veces también pueden evocarse imágenes. Por ejemplo, visualizar tu coche saliendo de la carretera o recrear un acontecimiento traumático del pasado una vez tras otra como si fuera una película. En cualquier caso, la tendencia a pensar en exceso conlleva ser un impedimento para hacer algo productivo.

Pensar demasiado no es solo una molestia, también puede ser un serio problema de cara al bienestar, ya que aumenta el riesgo de problemas de salud mental. A medida que disminuye la salud mental aumenta la tendencia a rumiar, es un círculo vicioso difícil de romper.

A veces, la angustia emocional que causa el pensar en exceso lleva a quien la sufre a recurrir a estrategias de afrontamiento poco saludables, como por ejemplo abusar del alcohol o la comida.

Pensar en exceso, es además un factor que contribuye a reducir las horas y la calidad del sueño.

Poner fin definitivamente a esta tendencia es algo muy difícil de lograr, pero a continuación puedes encontrar algunos consejos, que con un poco de práctica pueden ayudarte a limitar esos patrones negativos de pensamiento:

1. Date cuenta de cuando estás pensando demasiado. Ser consciente de tus pensamientos es el primer paso para ponerles fin. Cuando te des cuenta de que estás preocupándote en exceso, o que le estás dando mil vueltas a algo sin parar, sé consciente de que tus pensamientos no están siendo productivos.

2. Desafía tus pensamientos. Es muy fácil dejarse llevar por los pensamientos negativos. Antes de que estos logren tomar por completo el control, haz un pequeño esfuerzo para aprender a reconocer y a corregir tus propios errores referentes a tu forma de pensar antes de que ésta sea cada vez más exagerada.

3. Mantén tu atención centrada en solucionar el problema de forma activa.  Recrearse en los problemas sin hacer nada no sirve de mucha ayuda. En lugar de preguntarte "¿por qué me ha pasado esto?" pregúntate "¿qué puedo hacer al respecto?" y ponte manos a la obra.

4. Planifícate un tiempo para reflexionar. Pensar en exceso y sin ningún control durante un tiempo ilimitado es algo totalmente improductivo. En lugar de hacer eso, planea en tu horario diario un momento dedicado a reflexionar, por ejemplo 20 minutos. En ese momento puedes permitirte pensar todo lo que quieras, rumiar, preocuparte... Una vez haya transcurrido ese periodo de tiempo de 20 minutos, tienes que cambiar tu foco de atención y dedicarte a algo más productivo.

5. Practica la atención plena. Es prácticamente imposible recrearse en el pasado o preocuparse por el futuro cuando se está plenamente centrado en el momento presente. Vive el momento.

6. Cambia de canal. A veces, cuando te das cuenta de que estás pensando más de la cuenta y te dices a ti mismo que debes dejar de pensar en ello, puedes terminar obteniendo un resultado contraproducente. Una buena opción es cambiar de canal, ocupar tu mente con alguna actividad que te distraiga de tus pensamientos negativos y mantenga tu atención centrada en otras cosas. Con la misma finalidad, también es una buena idea iniciar una conversación sobre algún tema que no tenga nada que ver con lo que te está preocupando.


Aprendiendo a mejorar

Mientras muchas personas comienzan el año estableciéndose nuevas metas que sirvan para mejorar sus vidas, muchas otras son saboteadas por sus propios hábitos improductivos, los cuales muchas veces terminan por adueñarse prácticamente por completo del poder sobre su vida.

Algunos de estos hábitos son:

- La queja crónica: lloriquear continuamente solamente hace que se pierda el tiempo y la energía. Si nos pasamos todo el tiempo quejándonos, no estamos haciendo nada para solucionar los problemas.

- Dejar que los demás nos juzguen: reaccionar a la adulación, a la manipulación o a la culpa, tratando de estar a la altura de las expectativas de los demás en lugar de a las nuestras.

- Resentimiento: dejar que los comportamientos dañinos de otras personas invadan nuestra conciencia. Sentirse herido y decepcionado es normal, pero recrearse e insistir llevando a cabo actos para hacer daño solamente terminan lesionando a uno mismo.

- Rumiación: llenar nuestros cerebros con infinitas preocupaciones, dando vueltas y vueltas en un sinfín de escenarios de "los peores casos" pero sin hacer nada al respecto.

- Culpar a los demás: si es "su culpa", y nos vemos a nosotros mismos como víctimas, entonces "ellos" tienen el control.

¿Alguno de estos hábitos te resulta familiar? Todos ellos implican un locus de control (LOC) externo, una creencia subyacente que implica que el destino o el poder de otras personas es lo que determina nuestras vidas.

Un LOC externo no sólo sabotea nuestro progreso, también es peligroso para nuestra salud. Las investigaciones asocian un LOC externo con la mala salud mental y física, la pasividad, la ansiedad, la depresión y la indefensión aprendida.

El sentido de autoeficacia, la creencia en nuestra capacidad para ejercer el control personal y dar forma a nuestro porvenir, es un punto clave capaz de marcar una gran diferencia en nuestras vidas. Nuestro nivel de autoeficacia determina la cantidad de esfuerzo que hacemos para alcanzar nuestros objetivos, cuánto tiempo perseveramos, lo bien que lidiamos con los obstáculos, y nivel de logro que obtenemos.

Así que si estás a punto de volver a caer en quejas crónicas u otros hábitos improductivos, detente y cambia tu perspectiva. Despierta tu autoeficacia preguntándote: "¿Qué puedo hacer al respecto para marcar la diferencia?".