Cuándo pedir ayuda

Para recurrir a la ayuda de un psicólogo, no necesariamente se tiene que sufrir una patología. Es más, en muchas ocasiones, acudir a un psicólogo puede evitar que ese problema termine convirtiéndose en una enfermedad, de la misma forma que, cuando tenemos molestias en el estómago, vamos al médico para evitar así padecer una úlcera u otras complicaciones más graves.

Existen algunos síntomas que claramente indican que es aconsejable dar el paso de pedir ayuda y reconocer que se tiene un problema que limita la vida de forma considerable:

- Principalmente, se considera un síntoma de alerta importante que la persona se sienta profundamente vacía durante la gran mayoría del tiempo, con una notable sensación de falta sentido de la vida. No es capaz de encontrar nada que le motive de verdad, todo le inspira una sensación de amargura. Cuando este tipo de  situación se vive de una forma intensa durante un periodo prolongado de tiempo, entonces, es importante pedir ayuda con urgencia para empezar a salir de ese estado cuanto antes y superar los miedos.

- También es muy recomendable pedir ayuda cuando la persona tiene olvidos frecuentes o sufre pérdidas de memoria. Estos olvidos o fallos de memoria se producen bajo la influencia de un estado de estrés agudo o por la incapacidad de concentración propiciada por la importancia de su malestar.

- Pedir ayuda también es importante cuando una persona experimenta y siente que aquellas actividades que antes le hacían disfrutar y le encantaban, ya han dejado de proporcionarle cualquier tipo de entusiasmo y al mismo tiempo, los momentos de disfrute personal en la vida cada vez son más reducidos.

- Otro síntoma de alarma emocional a tener en cuenta es la sensación de constante agotamiento. Ese agotamiento que se manifiesta ya a primera hora de la mañana, nada más despertarse, se siente que lo único de lo que tiene ganas es de quedarse en la cama durmiendo durante horas. La sensación de cansancio crónico llega a absorber intensamente la mente y el cuerpo de la persona afectada, haciendo que se sienta débil e indefensa ante esa situación.

- También vale la pena pedir ayuda cuando la persona nota que no es capaz de continuar con su ritmo habitual de vida debido a que se siente apática, sin ganas de nada, con la sensación de que todo le da igual y nada en especial le causa un ligero entusiasmo. Es importante saber escuchar los síntomas de depresión, no te avergüences de pedir ayuda.


Motivación: levántate y brilla



Este vídeo de motivación está compuesto por la mezcla de una serie de imágenes de diferentes escenarios y eventos deportivos así como también imágenes de un spot de Nike de su campaña para los Juegos Olímpicos de Londres, todo ello fusionado con la voz en off extraída de un vídeo promocional titulado "The Grind" perteneciente al modesto equipo de Baseball de la Universidad de Texas (TCU) con el que empezaban cada uno de sus partidos durante la temporada 2012.
Existe una clara y evidente referencia al mundo del deporte, pero en mi opinión la esencia del mensaje se puede extrapolar y pienso que también es válido para otros aspectos de la vida destacando la importancia de creer en uno mismo, trabajar de forma perseverante en dirección a la consecución de los objetivos que se quieren lograr y aprender a superar los miedos y los obstáculos que se encuentran a lo largo del camino hacia el éxito.


Las somatizaciones: cuando el cuerpo habla

En la actualidad hay muchas personas que acuden a la consulta de su médico de cabecera manifestando una serie de síntomas que les generan malestar y una gran preocupación por el estado de su salud. En un número muy elevado de casos, después de la entrevista y de las exploraciones que se le realizan al paciente, puede que no se encuentre ninguna alteración determinante que explique su sufrimiento y es entonces cuando suelen ser remitidos al médico especialista correspondiente. Esto significa que han de volver a someterse a nuevas exploraciones, tratamientos y consultas, sin que se encuentre una clara causa orgánica a su malestar.

En la mayoría de estos casos, se termina olvidando completamente el papel de la psicología en la aparición de estos síntomas.

Se entiende como somatización cualquier síntoma corporal que surge o se incrementa en respuesta a factores psicológicos o situacionales.

Las somatizaciones son básicamente frecuentes en pacientes que sufren de depresión y ansiedad, existe una gran relación entre la somatización y el estrés.

La tendencia a somatizar se suele dar en aquellas personas que experimentan dificultades para expresar sus emociones y sentimientos, niños, adultos, ancianos, de todas las edades y sexos; no hay excepciones.

Es importante descartar que se trate de una enfermedad orgánica antes de decantarse por la explicación mediante causas de tipo psicológico, pero no por ello hay restarle importancia a la psicología.

Los síntomas y síndromes que pueden presentarse a las personas que somatizan son muchos, algunos llegan a ser de tal gravedad que pueden desencadenar otros problemas más amplios de salud física, entre ellos algunos de los que se exponen a continuación:

- Gastrointestinales: náuseas, vómitos, dolor abdominal, diarrea, flatulencia, hinchazón, intolerancias alimentarias.

- Síntomas dolorosos: dolor en extremidades, dolor de espalda, dolor difuso, dolor articular, dolor al orinar, cefaleas.

- Pseudoneurológicos: dificultad al tragar, amnesia, sordera, pérdida de voz, visión borrosa, desfallecimiento, debilidad muscular, pseudoconvulsiones, dificultad miccional.

- Cardiopulmonares: palpitaciones, dificultad respiratoria en reposo, dolor torácico, mareo.

- Aparato reproductor: dispareunia, dismenorrea, irregularidad ciclos menstruales, hipermenorrea, vómitos a lo largo del embarazo, sensaciones quemantes en los órganos sexuales.

- Síndromes: alergias alimentarias extrañas, síndrome de fatiga crónica, síndrome de articulación temporomandibular, fibromialgia, sensibilidad medicamentosa múltiple.

La psicología puede tener un papel muy importante en el tratamiento de esta clase de trastorno. La meta principal de la terapia es ayudar al paciente a cambiar la percepción que tiene de sus síntomas, en el sentido de aprender a interpretarlos desde una perspectiva psicológica para incidir en las causas y realizar los pertinentes cambios con el fin de eliminar el malestar e incluso salir reforzado de dicha situación.



Cómo preparar un batido casero rico en proteínas

Este riquísimo batido es ideal para tomar a cualquier hora del día, especialmente en el desayuno, para empezar a cargar el cuerpo de nutrientes nada más despertarse.

Es un batido aconsejable para todo aquel que le guste cuidarse pero sobretodo es recomendable para deportistas. Si eres deportista bien conocerás la importancia de la correcta nutrición para desempeñar un mayor rendimiento y recuperar tu cuerpo de los entrenamientos. Debido especialmente a su alto aporte proteico, a su justa medida de hidratos de carbono, y a su bajísimo contenido de grasa, este batido puede servir como batido post-entrenamiento, perfecto para tomar en la "ventana anabólica": los siguientes 30 minutos transcurridos después de finalizar el entrenamiento en los que el organismo absorbe y asimila con mayor intensidad los nutrientes que se le proporcionan en ese intervalo de tiempo.

Ingredientes:

- 1 plátano.
- Las claras de 2 huevos cocidos.
- 1 yogurt desnatado (natural o con sabor, a tu gusto).
- 2 cucharadas soperas de copos de avena.
- De 1/2 a 1 vaso de leche desnatada o agua (según prefieras, aunque si pones leche aumentas un poco más la ingesta de proteínas).

Es tan sencillo como ir añadiendo los ingredientes en un recipiente, y una vez estén todos, triturarlos con la batidora hasta que quede todo mezclado y listo para beber, después solamente queda servirlo y disfrutar de este saludable y nutritivo batido.

Recuerda que alimentarse correctamente y hacer ejercicio físico es algo fundamental para gozar de una buena calidad de vida.


Aprender de la soledad

Sentirse solo a menudo es difícil de sobrellevar ya que las personas somos por naturaleza seres sociales. No es de forma gratuita que se afirma que nuestros mejores momentos van de la mano de las relaciones interpersonales e incluso existen muchísimos estudios que han puesto de manifiesto que los enfermos que tienen una buena red de apoyo social son capaces de curarse más rápido y tener una mejor calidad de vida. Así que, por muy independiente que consiga ser una persona, siempre habrá algún momento en el que necesitará del calor humano.
Sin embargo, el hecho de que actualmente las familias tiendan a ser más pequeñas y que la vida cotidiana nos sobrecargue de roles, suele conllevar que no siempre sea posible disponer de suficiente tiempo para pasarlo en compañía. De este modo, de forma paulatina, nos vamos quedando solos o vamos dejando solo a alguien. Es entonces cuando aparece la verdadera soledad. En un caso como este se puede hablar de una soledad no deseada, que está muy estrechamente ligada a las emociones negativas y al miedo.

Por citar un caso, se sabe que muchas de las personas que experimentan la soledad realmente tienen dificultades en el desempeño de sus habilidades sociales. Como telón de fondo existe el miedo a compartir con los demás y este miedo les lleva a retraerse, de forma compulsiva, impidiéndoles establecer relaciones interpersonales ciertamente sólidas.

Igualmente puede evidenciarse la soledad repentina, causada por la ruptura o por la muerte de la persona o personas más cercanas. Finalmente, también existe la soledad en compañía que hace referencia a pertenecer a un grupo pero no sentirse parte del mismo porque no se comparten sus valores y formas de pensar. En estas situaciones las personas se reservan o se guardan para ellos  mismos todas sus ideas y sentimientos, y la situación puede llegar a resultar realmente muy frustrante.

Cuando se experimenta la soledad no deseada la persona se siente invadida por la sensación de que su vida no es importante y por un sentimiento de miedo profundo. En los momentos de soledad hay mucho tiempo para pensar y reflexionar, y a veces los pensamientos que se llegan a tener no son particularmente positivos por lo que puede aparecer la depresión e incluso tener ideas suicidas.

Cabe diferenciar entre dos tipos de soledad: 

- La soledad emocional: hace referencia a la falta de una relación profunda con otra persona que satisfaga las necesidades de afecto y seguridad. 

- La soledad social: se refiere a no formar parte de ningún grupo con el cual compartir valores e intereses. 

Cómo afrontar la soledad:

- Identificación de la soledad. Conocer qué tipo de soledad se está atravesando es fundamental para comprender hacia donde dirigir los posteriores pasos. Debes concretar si te sientes solo porque anhelas tener un amigo íntimo o una relación amorosa o bien porque no tienes un grupo de amigos con el cual compartir tus ideas. 

- Abrirse al mundo y perder la timidez. Algunas personas se encuentran solas porque desde siempre han aprendido a refugiarse en la timidez. Sencillamente no se acercan a las personas y por consiguiente, no tienen ninguna posibilidad de conocer a nadie con profundidad, cuando en realidad existen muchísimas personas que agradecerían tener una buena conversación que les alegrase el día. 

- Dejar el papel de víctima. Las personas que experimentan la soledad suelen buscar una serie de explicaciones para su estado que no son otra cosa que racionalizaciones. El hecho de que por mucho tiempo nos hayamos relacionado de una forma no significa que esa sea la única manera posible de hacerlo ni que debamos continuar haciéndolo así en un futuro. La posibilidad de cambiar está al alcance siempre que exista una motivación y se tenga determinación.

En cualquier caso, sin que tenga importancia cuál sea el tipo de soledad por la cual se está pasando; se debe enfrentar como una etapa transitoria de la vida que puede servir para redescubrirse, reflexionar y cambiar a mejor. 

Es posible sentirse bien estando solo.

La soledad no siempre tiene que ser entendida como un estado dañino, hay personas que la buscan y la valoran positivamente ya que en ella se sienten mejor a la hora de tomar sus más importantes decisiones. En este caso se puede hablar de una soledad deseada, y por consiguiente, este estado no se vincula con la tristeza sino que se trata de una decisión personal.

A menudo elegir la soledad durante algunos periodos de tiempo es algo que puede llegar a ser bueno ya que nos proporciona tiempo para distanciarnos de las creencias y de los estereotipos que nos rodean y que en muchas ocasiones llegan a determinar nuestra vida sin que prácticamente nos demos cuenta de ello. Las etapas de soledad pueden servir para detenerse y mirar la vida en retrospectiva, aprender del pasado y planear el futuro. 

Estar solo, sin dar explicaciones a nadie, sencillamente disfrutando de aquellas cosas que más apetecen lejos de las obligaciones diarias puede ser muy terapéutico y sin duda es un ejercicio que se debería hacer más a menudo, sobre todo en el caso de que se desempeñen profesiones que resulten estresantes.

 

Cómo afrontar la negatividad

La negatividad puede influir en nuestras emociones y distorsionar nuestra percepción del mundo causando pesimismo, miedo, preocupación, sentimientos de culpabilidad, enfados por tonterías o predisposición a quejarse por cualquier cosa. 

La ansiedad, el miedo o el enfado pueden ayudar a sobrevivir en un determinado momento pero también causar problemas. Las emociones negativas tienen una duración e impacto mayor en el estado de ánimo que las emociones positivas, así que es relativamente fácil que el pesimismo y la negatividad tomen el control, sin valorar las situaciones de forma realista. La negatividad puede conducir a la pasividad, a no actuar, a quejarse por todo, a sentir soledad o melancolía.

Aprender a neutralizar la negatividad, sin dejarse llevar por los pensamientos negativos, puede ayudar a sentirse mejor. Los estados de negatividad muy continuados pueden llevar a la persona a  la ansiedad o  la depresión.

- Analiza si estás teniendo pensamientos negativos, si estás preocupándote todo el tiempo, si te estás quejando. Todos tenemos un diálogo interior, si  te fijas de forma consciente te darás cuenta de ello. Aprende a tomarte un tiempo para pensar antes reaccionar.

Si estás preocupada o preocupado, enfadado, tenso es fácil seas presa de la negatividad. No tomes decisiones importantes si estás negativo, puedes no ser del todo objetivo. Aprende a calmarte si notas que estás enfadado o tenso.

- Las emociones y los pensamientos interactúan entre sí. Practica “parar el pensamiento” si te descubres quejándote o pensando algo que te lleva a sentirte mal, actúa diciendo “stop”.

Esto es una señal que te avisa que comienzas con pensamientos que te van a llevar sentir miedo, enfado, tristeza.  Si a menudo estás preocupado/a pregúntate ¿darle vueltas a esto me ayuda?, ¿pensar una y otra vez sobre este tema me hace sentir mejor? Casi seguro que la respuesta será No. Cambia los pensamientos negativos por pensamientos positivos.

- Si convives con personas negativas en casa o en  el trabajo piensa que la negatividad es contagiosa. Si alguien siempre destaca lo negativo, critica, se queja y cuando estás con él o ella sientes la negatividad, trata de ser amable pero no permitas que alguien te haga sentir mal.

Escucha  tratando que la otra persona sienta que es importante para ti, no se trata de herir sus sentimientos, pero hazle ver que no puede estar siempre contándote todo lo negativo.

Date un tope de tiempo (ejemplo 10 minutos) y pasado este tiempo le dices que no puedes seguir hablando, te levantas y te marchas o cuelgas el teléfono. Si esta actitud se repite la otra persona se dará cuenta que algo está pasando y que no estás en disposición de soportar sus quejas continuas.

- Ni blanco ni negro. Las personas negativas suelen ver las cosas desde los extremos. Todo o nada, nunca o siempre. Si algo les sale mal siempre les saldrá mal, si nunca han logrado algo así será. Aprender a diferenciar las creencias irracionales nos puede ayudar a darnos cuenta de que estamos dejándonos llevar por la negatividad.

- Mens sana in corpore sano. Si estás cansado, no has dormido bien, o te duele algo es más probable que te sientas negativo o preocupado. No te puedes exigir estar al 100% si estás cansado, no has dormido o te duele la cabeza. Se mejor amigo de ti mismo, date buenos consejos y aplícalos.

Aprende a relajarte haciendo algún hobby en el que puedas evadir tus pensamientos (manualidades, cocinar, fotografía, pintura, hacer deporte). Es necesario una válvula de escape si tienes tensión acumulada, por eso actividades que impliquen ejercicio físico son ideales para liberarnos de la tensión.


Consejos para reducir el estrés

Generalmente el estrés surge como respuesta ante un determinado estilo de vida.
 
En muchas ocasiones pasamos muchas horas trabajando, lo cual hace que se tenga la sensación de que no hay espacio para el ocio y las relaciones interpersonales. Sin embargo esto es incierto, sí tenemos días de descanso laboral y horas de ocio al finalizar la jornada de trabajo. Lo que sucede es que llenamos el día de tareas “que tenemos que hacer” y no damos mucha importancia al hecho de que el ocio es para disfrutarlo y no para llenarlo de obligaciones adicionales. 


La sociedad en la que vivimos nos enseña continuamente a ser competitivos y a hacer todas las cosas con mucha prisa, y la realidad es que el genoma humano no está preparado para afrontar el elevadísimo nivel de alerta que produce el estar sometidos a esa inmediatez con la que se supone, equivocadamente, que se vive mejor. Esto causa que no disfrutemos de las actividades porque no son tranquilas ni agradables, sino una continua competición por ser “el mejor”.

Aprender a gestionar el estrés es algo clave. 

A continuación te muestro unos sencillos consejos para reducir el estrés:
 
- Aprende a ser consciente de tus reacciones frente al estrés, reconócelas y tómalas como un aviso.

- Averigua cuáles son las causas inmediatas de tu estrés. ¿Trabajo, familia, dinero? Puede que te estés exigiendo demasiado.

- Ten en cuenta que tal vez te estás estresando por cosas que en el fondo no son especialmente importantes y se olvidan pronto. No te dejes "acelerar" por pequeñas preocupaciones. Sólo son eso, son preocupaciones, no catástrofes. Relativiza.

-  No te atormentes demasiado por los "y si...". En muchísimos casos, existe una excesiva preocupación por situaciones que nunca llegan a suceder. 

-  No dediques mucho tiempo ni atención a cosas que definitivamente no tienen remedio. Respira profundo, pon en práctica algún ejercicio para controlar la respiración, esto puede resultar muy eficaz.

- Compensa las diferentes facetas de tu vida.  Por ejemplo, si lo estás pasando mal en el trabajo, busca apoyo en la familia; y recurre al trabajo si lo que está fallando es la vida familiar.

-  Da y acepta apoyo social. Comparte las cargas. 

- Abarca sólo hasta donde realmente puedas. Sé realista y evita exigirte más de lo que eres capaz de dar.

Haz ejercicio físico para liberar la energía acumulada por el estrés. Evita el tabaco y los licores. Mantente en forma.

- Cambia lo que puedas cambiar. Acepta lo que no puedes cambiar, e intenta compensar la situación si relamente existe algún motivo especialmente serio o duradero.

No permitas que el ritmo y el esfuerzo laboral sigan después de haber finalizado tus obligaciones.

Vive de forma pausada y con mucha positividad.